Espacio para las plantas medicinales en la mágica “noite de San Xoán”

Muchos no lo saben pero, al margen de las hogueras, entre las muchas tradiciones propias de la mágica “noite de San Xoán”, una de las más extendidas es la de poner a remojar durante toda la noche en un “cacho” las conocidas como “herbas de San Xoán”; una serie de hierbas medicinales de las que también se cree que tienen poderes mágicos y espantan a las “meigas”. Hoy, en los prolegómenos de la noche más mágica del año, os traemos un poco de sabiduría popular.

Dicen que los olores traen recuerdos.

El olor de las hierbas recién cortadas me sitúa en la noche de San Juan.

En ese día del mes de junio recuerdo a mi abuela preparando una cesta, cuerda y unas tijeras que no nos dejaba tocar.

Vamos al bosque a por las hierbas de San Juan”, decía.

Para los más pequeños era una fiesta, pues con ella siempre podíamos descubrir algo nuevo. Quizás la cueva de la moura, que ella nunca había encontrado.

“¡Vamos a hacer el ‘cacho’! ¡Vamos a hacer el ‘cacho’!”, gritábamos al tiempo que saltábamos.

Salíamos al atardecer, mientras nuestros padres preparaban la hoguera para quemar todo lo viejo y, en las brasas, hacer la sardinada.

Mientras caminábamos, escuchar historias que hablaban de meigas, sapos y serpientes nos daba mucho miedo. Pero también nos hacía reír en voz baja.

Nos hablaba de un hombre muy importante, un tal Martiño Dumiense, que vivió hace mucho tiempo, en el siglo VI, y a quien había tradiciones que no le gustaban pero que no pudo impedir que heredáramos costumbres de nuestros ancestros, de nuestra tierra.

Como la de ir a por agua a las siete fuentes, por eso de que tienen diferentes propiedades. Ellas, siendo pequeñas, también las adornaban con flores, pues cuando el día despertaba estas aguas madrugadoras se dice que tienen magia infinita. Y nos contaba que estaban muy bonitas con todas las flores.

Teníamos que encontrar hierbas con buen olor, y otras que servían para curar los males, tanto del cuerpo como de la mente. Cada vez que aparecía una nueva, los saltos eran bien grandes.

Hay muchas clases de hierbas que se utilizaban y se utilizan para hacer el cacho. Algunas de ellas son el hinojo, la hierba luisa, la manzanilla, la hierbabuena, la hierba legona y la hierba de San Juan, que ahora es muy escasa. También el laurel, la hierba de enamorar, rosas…

Más tarde, sentados sobre la hierba, hacíamos unos manojos que atábamos con la cuerda. Y al llegar a casa los colocábamos en una tina llena de agua, que ya había sido recogida en las siete fuentes.

Por la noche, el cacho quedaba sobre el tejado. “Para que San Juan lo bendiga”, decía ella. Y nos marchábamos de fiesta hasta la hoguera ya encendida. Y cenábamos sardinas con cachelos. ¡Era mucha la fiesta!

Al levantarse por la mañana todos los niños corríamos hasta donde estaba la tina con las hierbas y cumplíamos con el ritual de lavarnos la cara. ¡Olía que daba gloria!

Siempre recuerdo el manojo con las hierbas colgado, ya bien seco, detrás de la puerta de casa. Pasado el tiempo cada hierba se podía utilizar para muchos remedios:

  • La hierba luisa y la camomila contra los dolores de barriga.
  • Las hojas de nogal curan las llagas del cuerpo.
  • Las de laurel, contra el reuma.
  • La hierba de San Juan limpia la cara de granos.
  • El tremontelo es buen antídoto para evitar la caída del pelo.

Volveré al bosque en estas fechas del mes de junio, ahora acompañada por los pequeños de la casa, y contaré lo que a mí ya me contaron.